lunes, 22 de agosto de 2011

El dolor que no te mata, te hace más fuerte.


Hay palabras que se me clavan como puñales, hay momentos en los que el dolor se convierte en algo insoportable y que te va consumiendo poco a poco. Mentiría si negara que últimamente no soy la misma, que he vuelto a caer en la rutina de que todo me afecte más de la cuenta y que no me encuentre agusto ni en mi propio hogar (aunque la verdad es que nunca lo he estado).

Llorar en silencio por cada palabra que suelta de su boca porque tengo un cúmulo de sensaciones que a la mínima explotan. Cuando el diálogo se convierte en gritos, cuando gobierna la ley del que más puede, es como si toda mi fuerza y todo mi trabajo personal para sentirme bien...se fueran por el sumidero.

¿No se supone que en tu casa has de sentirte querido? Pues por mucho que se preocupen por mí hay cosas que pesan más que eso y miles de traumas y miedos infantiles que me acompañan día a día, y que por muy fuerte que sea a veces...siempre me desmorono de la manera más tonta y pasa mucho tiempo hasta que recupero las riendas de MI vida.

Son demasiado años viviendo lo mismo, es demasiado tiempo estando en un lugar en el que paso la mayor parte de mi tiempo y de donde surge todo este sufrimiento que a veces me acompaña. Solamente aquél que lo ha vivido puedo comprender el dolor y las lágrimas que esconden mis palabras.

Vivir así es como morir en vida y tener un tortura perpetua que en ocasiones es más llevadera pero cuando no, es mejor dejar salir todo, asumirlo una vez más y seguir adelante por mucho que duela...hasta que llegue el día en el que todo esto se acabe y por fin deje de sentirme atada y constantemente con la soga al cuello.


2 comentarios:

Gustavo Aguilar Alterno Espiraaaal dijo...

Lo bueno de todo esto es que al final sigues un poco menos mal y vivo, aun que con unos golpes que al cabo de un tiempo se vuelven cicatrices =D

Ana dijo...

Tienes un blog genial,me gusta mucho como escribes. Te sigo ok? Un beso desde http://mynoisythoughts.blogspot.com/